Actualizo, ya que si no en cualquier momento las páginas de este cuaderno serán borradas del servidor y es que, parece mentira, pero a falta de unos días, este blog cumple ya cinco añazos. Ella y yo hace cuatro años que nos conocimos. Bien podría ser una de las últimas veces que escriba en él. Tengo aún notas apuntadas aquí y allá para escribir una extensa entrada, ya aparecerán de entre maletas aun por vaciar que guardan cuartillas y cuadernos.De momento, en lo que nos ocupa ahora, sobre eso nada estaba escrito. Todo comienza así. La verdad es que debo a la conjunción de una vieja amiga y al encanto de que en nuestro universo no haya hecho falta que dos personas se digan continuamente que se gustan, para que lo sepan, la conquista de unos versos.
¿Qué contar sobre este poema que no haya dicho en persona ya? Que me gusta pensar que es como el jazmín que florece en silencio de noche, como en un abrazo en calma, hermoso a la manera de la luna, producto de una pasión a la que los siglos le fueron como las horas. Que ha sido, que ocurrió, como siempre quisimos que fuese, tan pequeño como una canción, bebiendo vino, matando el tiempo, echándole un pulso al destino. En definitiva, mala o buena, que es una apología orgullosa, declarada y valiente a lo casual.
La excesiva familiaridad, con el tiempo, engendra desprecio, dicen que el amor o la pasión no siempre mueren de hambre, pero sí de indigestión. Nada más bonito que el respeto entre dos soledades, léase individualidades, que se abrazan. No todo es bailar juntos bajo las estrellas sobre arena blanca cerca de antorchas encendidas y altas palmeras, a veces siento que una mujer no siempre quiere un príncipe azul (muchas se declaran abiertamente republicanas), sino un lobo feroz que se levante con un hambre feroz por las mañanas y decida comenzar con ella el desayuno, un lobo feroz que, como en el cuento de Caperucita, sea de grandes ojos para mirarla más salvajemente y mejor, que, como en el cuento, la escuche mejor. ¿Por qué si no iba a dejar comérsela Caperucita?
No suelo escribir versos estando en el tranvía, mucho menos sin un papel delante, así que es probable que necesite sus correcciones en mayor o menor medida y yo no me ocupara de ello.

P.D: Lo de no hacer público lo que ella llama “mi regalo” no es por celo de mi chavala, que, tal y como dije, sabe que soy un aficionado ferviente a ella y me apasiona ser incapaz de resistírmele. Hay que añadir que por aquel entonces rondaba y merodeaba esta dirección un gato peligroso…
Mila, mi lupita linda, espero que a ti también te guste. Todo lo que he sido y todo lo que me ha hecho ser quien soy, eres tu quien lo disfruta. Búscame esos pasajes o acabaré las navidades por Tenerife o hasta por Fuerteventura, que siempre será algo menos exótico. Por cierto, asusta lo mucho que te lo has currado, es difícil escuchar The Fountain y no pensar en ti, volveremos a ver la peli.
En otro orden de asuntos, escribí un relato para un concurso homenaje a Alberto en el que no se me dejó participar, no sé que le hubiera parecido a él, el texto se que le hubiese gustado, quizá lo haga público. Si no, sabed que ya sabéis a quienes os sigo leyendo asiduamente. Amor para todos, desde un pequeño blog al servicio de la literatura… ¿Pues cómo distinguir el mero afecto o apetito de la auténtica pasión? ¿O será que el arte eleva el apetito al nivel de la pasión? De tal forma que, como dos amantes, se vuelven indistinguibles el uno de la otra, como seguro, sé, ya habrá pensado alguna, algo romántica, escritora antes que yo.
¿Qué contar sobre este poema que no haya dicho en persona ya? Que me gusta pensar que es como el jazmín que florece en silencio de noche, como en un abrazo en calma, hermoso a la manera de la luna, producto de una pasión a la que los siglos le fueron como las horas. Que ha sido, que ocurrió, como siempre quisimos que fuese, tan pequeño como una canción, bebiendo vino, matando el tiempo, echándole un pulso al destino. En definitiva, mala o buena, que es una apología orgullosa, declarada y valiente a lo casual.
La excesiva familiaridad, con el tiempo, engendra desprecio, dicen que el amor o la pasión no siempre mueren de hambre, pero sí de indigestión. Nada más bonito que el respeto entre dos soledades, léase individualidades, que se abrazan. No todo es bailar juntos bajo las estrellas sobre arena blanca cerca de antorchas encendidas y altas palmeras, a veces siento que una mujer no siempre quiere un príncipe azul (muchas se declaran abiertamente republicanas), sino un lobo feroz que se levante con un hambre feroz por las mañanas y decida comenzar con ella el desayuno, un lobo feroz que, como en el cuento de Caperucita, sea de grandes ojos para mirarla más salvajemente y mejor, que, como en el cuento, la escuche mejor. ¿Por qué si no iba a dejar comérsela Caperucita?
No suelo escribir versos estando en el tranvía, mucho menos sin un papel delante, así que es probable que necesite sus correcciones en mayor o menor medida y yo no me ocupara de ello.

P.D: Lo de no hacer público lo que ella llama “mi regalo” no es por celo de mi chavala, que, tal y como dije, sabe que soy un aficionado ferviente a ella y me apasiona ser incapaz de resistírmele. Hay que añadir que por aquel entonces rondaba y merodeaba esta dirección un gato peligroso…
Mila, mi lupita linda, espero que a ti también te guste. Todo lo que he sido y todo lo que me ha hecho ser quien soy, eres tu quien lo disfruta. Búscame esos pasajes o acabaré las navidades por Tenerife o hasta por Fuerteventura, que siempre será algo menos exótico. Por cierto, asusta lo mucho que te lo has currado, es difícil escuchar The Fountain y no pensar en ti, volveremos a ver la peli.
En otro orden de asuntos, escribí un relato para un concurso homenaje a Alberto en el que no se me dejó participar, no sé que le hubiera parecido a él, el texto se que le hubiese gustado, quizá lo haga público. Si no, sabed que ya sabéis a quienes os sigo leyendo asiduamente. Amor para todos, desde un pequeño blog al servicio de la literatura… ¿Pues cómo distinguir el mero afecto o apetito de la auténtica pasión? ¿O será que el arte eleva el apetito al nivel de la pasión? De tal forma que, como dos amantes, se vuelven indistinguibles el uno de la otra, como seguro, sé, ya habrá pensado alguna, algo romántica, escritora antes que yo.






